Sumisos latentes y el miedo

El miedo es el lastre que frena tanto a sumisas como a sumisos, junto con una intensa lucha interna por la aceptación. Ese miedo es el que hace que muchos desistan y encierren los instintos que les empujan hacia la D/S.
Dicho instinto, como dice una buena amiga, Ama amateur, es como un monstruito, al que en ocasiones podemos callar, pero que gruñe y gruñe en nuestro interior, se resiste y finalmente, con el paso de los meses o los años, sale con fuerza renovada y exige su posicionamiento. (Un besazo, querida, adoro nuestras conversaciones y momentos compartidos).
Os aseguro, mis queridos sumisos/as reticentes, que ese “adorable” monstruito que lleváis dentro, os empujará de nuevo a este círculo de conocer a alguien, para quizá, volver a huir… y dicho círculo se repetirá constantemente, con los consiguientes efectos autodestructivos, con ese daño propio, y también con el que le hacéis a la otra persona.

Debes tener claro tu deseo de entrega a la otra persona, has de detectar que es el miedo lo que te frena y te impide hacer realidad esa fantasía que embarga tus sentidos. Detecta tus verdaderos deseos, sé sincero contigo mismo y antes de dar ningún paso, piensa el las repercusiones de tus actos sobre la parte contratante de la relación D/s. No ofrezcas falsas expectativas ni impresiones hasta que tú mismo/a no tengas clara tu aspiración, pues estarás engañando a la otra persona. Reflexiona, entiende que si finges esa decisión tu mismo serás perjudicado, pues habrás entrado a jugar sin plena convicción y probablemente salgas más asustado todavía.
Has de ser claro/a desde el principio con tus impresiones, exponer tus recelos y debilidades, y seguro que el Dominante se esforzará en intentar resolver tus dudas y desarrollar su paciencia, en transmitirte confianza, en ir despacio. No finjas, no demuestres que tienes seguridad si no es así.
Finalmente, si aún con todo tienes ganas de desaparecer, de subirte a un vuelo a las antípodas, antes de huir, reflexiona:
La o las personas que padecerían tu huída, seguramente no se merezcan ese trato por tu parte.
Probablemente, el monstruito te reclamará tarde o temprano, y no le podrás hacer callar, y los chats y foros no te saciarán.

El miedo, en el BDSM y en nuestra vida cotidiana, sólo tiene una manera de afrontarse, y es de forma directa, sin dejarse arrastrar por él. Si realmente queremos vivir, y VIVIR en plenitud, hay que superar esos miedos.


Nota: Las imágenes que ilustran esta entrada NO son hechas por Mí, sino obtenidas de la RED.

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